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No estás cansada de la vida.
Estás cansada de no ser tú.
Cansada de encajar donde ya no encajas.
De decir sí cuando por dentro llevas tiempo diciendo basta.
De sostener una versión de ti que hace años dejó de representarte.
Y lo sabes.
Lo notas en los silencios.
En esa sensación extraña de estar presente en todos los sitios menos en tu propia vida.
Pero no cambias.
No porque no puedas.
Porque cambiar tiene un precio.
A veces decepciona.
A veces incomoda.
A veces obliga a dejar de ser la persona que todos esperan para empezar a ser la persona que eres.
Y ahí aparece el miedo.
Porque llevas tanto tiempo adaptándote a los demás que ya ni recuerdas cuándo empezaste a dejarte para después.
Pero hay algo que quizá necesitas escuchar.
Cada vez que eliges una versión de ti para que otros estén cómodos...
hay una parte de ti que se queda sola.
Y eso agota.
Mucho más que cualquier problema.
Mucho más que cualquier responsabilidad.
Mucho más que cualquier día difícil.
Por eso no estás perdida.
No estás rota.
No te falta fuerza.
Estás agotada de sostener una vida que ya no se parece a ti.
Y llega un momento en que seguir fingiendo cuesta más que empezar a cambiar.

No estás cansada de la vida. Estás cansada de no ser tú. Cansada de encajar donde ya no encajas. De decir sí cuando por dentro llevas tiempo...