Un bribón no ríe de igual forma que un hombre honesto, un hipócrita no llora con las lagrimas que un hombre de buena fe. Toda falsedad es una mascara, y por bien hecha que esté la mascara, siempre se llega, con un poco de atención, a distinguirla del rostro
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“No te escribo esto para reclamarte, ni para pedirte las explicaciones que sé que nunca vas a tener el valor de darme. Te escribo porque hoy...


