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“No te escribo esto para reclamarte, ni para pedirte las explicaciones que sé que nunca vas a tener el valor de darme. Te escribo porque hoy decido ponerle punto final al juego macabro que armaste a mi costa. Me da igual si me vas a tildar de loca, si vas a correr a inventar historias con tus amigos o si vas a usar tu celular para buscar a alguien más que te crea tus mentiras; tu opinión sobre mí dejó de ser mi problema. Me dolió ver cómo destruiste mi confianza y cómo usaste mis debilidades para hacerme sentir insignificante, pero cometiste un error de cálculo fatal: pensaste que me habías apagado para siempre, pero solo me enseñaste de lo que soy capaz de soportar.

Hoy me voy con la frente en alto, reconociendo que caí en tu trampa, pero con la certeza absoluta de que me voy a levantar y voy a reconstruir cada pedazo de la mujer fuerte que intentaste borrar. Te devuelvo tu culpa, tus proyecciones, tus mentiras y tu necesidad enferma de control, porque yo ya no los cargo más. Te quedas solo con tu máscara y con el vacío asqueroso que intentas llenar manipulando a los demás. No me busques, no me llames y ni te gastes en ensayar tus disculpas baratas de siempre, porque a partir de este segundo ya no existes para mí. Adiós”.

 



 


“No te escribo esto para reclamarte, ni para pedirte las explicaciones que sé que nunca vas a tener el valor de darme. Te escribo porque hoy...