Buscar este blog
Hay una frase que, con el tiempo, entendí que era completamente cierta: el narcisista casi nunca está solo. Y no porque tenga una gran capacidad para amar, sino porque no soporta el silencio que deja el vacío que lleva dentro.
Cuando una relación termina, mientras la otra persona intenta comprender qué pasó, llora, se culpa y trata de reconstruirse, el narcisista ya está pensando en su siguiente movimiento. Siempre tiene un plan. Si no es una expareja a la que vuelve a escribir con cualquier excusa para comprobar que aún tiene poder sobre ella, será una nueva víctima a la que ya le está vendiendo una versión cuidadosamente inventada de sí mismo.
Sabe exactamente qué decir. Se presenta como alguien sensible, incomprendido, generoso y lleno de buenas intenciones. Cuenta historias donde siempre fue él quien sufrió, donde todos lo traicionaron y donde nunca tuvo responsabilidad en el fracaso de sus relaciones. Y quien llega nuevo a su vida, sin conocer la verdad, termina creyendo que ha encontrado a una persona maravillosa.
Pero detrás de esa máscara no hay amor. Hay necesidad. Necesidad de atención, de admiración, de validación y, sobre todo, de control. Porque el narcisista no sabe convivir con su propio vacío. Estar solo significaría enfrentarse a todo aquello que lleva años evitando: sus carencias, sus inseguridades y la falta de una identidad construida desde el amor propio.
Por eso salta de una persona a otra con una facilidad que desconcierta. No porque haya superado la relación anterior, sino porque necesita reemplazar la fuente de atención que perdió. Las personas no son compañeros de vida para él; son recursos emocionales que utiliza mientras le sirven. Cuando dejan de hacerlo, las cambia sin mirar atrás... o vuelve a buscarlas si cree que todavía puede manipularlas.
Y mientras quien amó de verdad sigue intentando sanar las heridas que dejó la relación, él ya está repitiendo el mismo patrón con alguien más. Las mismas promesas, las mismas palabras bonitas, los mismos gestos que un día parecieron únicos. Cambian los nombres, pero la historia siempre es la misma.
Lo más triste es que muchos confunden esa rapidez para empezar otra relación con fortaleza o con haber pasado página. Pero no es amor lo que lo mueve, es el miedo. Miedo a quedarse sin quien alimente su ego. Miedo a quedarse a solas con una realidad que no soporta. Porque el mayor enemigo de un narcisista no es perder a una persona... es quedarse sin nadie que sostenga la imagen que ha creado de sí mismo.
En cambio, quien decide sanar de verdad elige un camino mucho más difícil: atravesar el dolor, aceptar las heridas, aprender de ellas y reconstruirse desde el amor propio. Ese camino duele, pero libera.
El narcisista puede tener siempre a alguien a su lado, pero seguirá arrastrando el mismo vacío. Porque el problema nunca fue quedarse sin una pareja. El problema es que, por mucho que cambie de víctima, jamás podrá escapar de sí mismo.
El Tajo estos días está estancado y con mal olor a su paso por Talavera de la Reina.
Principales claves sobre la situación de "aguas estancadas" en esta zona. A lo largo de los años, el río ha perdido su dinámica natural de corriente rápida en este tramo debido a varias infraestructuras:
El Embalse de Cazalegas y la presa de Palomarejos. Modifican drásticamente el flujo natural antes de llegar a la ciudad.
El problema del "Caudal Ecológico" y el Trasvase. El caudal que llega a Talavera suele ser escaso en comparación con lo que históricamente llevaba el río. Esto se debe en gran medida al trasvase Tajo-Segura en la cabecera del río y a las intensas regulaciones para riego. Con poco volumen de agua limpia entrando por arriba, el río pierde la capacidad de "empujar" y limpiar su propio cauce, acentuando la sensación de estanque y mal olor.
La acumulación de algas y lodos, cuando el agua se estanca y la temperatura sube especialmente en verano, ocurren varios fenómenos visibles desde histórico Puente Romano.
Eutrofización: El exceso de nutrientes procedentes en parte de la depuración insuficiente de áreas urbanas aguas arriba, como el área metropolitana de Madrid a través del río Guadarrama y el Jarama genera una proliferación masiva de algas y ovas y malos olores. Al no haber corriente suficiente para oxigenar el agua, la materia orgánica se descompone en el fondo, creando capas de lodo.
A veces pensamos que, cuando alguien deja de escribir, llamar o buscarte, simplemente dejó de sentir.
Pero en algunas dinámicas de manipulación emocional, el silencio puede tener otra intención: provocar que seas tú quien rompa el contacto.
Porque mientras tú preguntas:
“¿Por qué no me habla?”
“¿Ya no le importo?”
“¿Habrá cambiado?”
“¿Debería escribirle?”
…sigues emocionalmente pendiente de esa persona.
Y ahí está la trampa.
A veces no se trata de que quiera volver inmediatamente. Se trata de comprobar si todavía puede provocar una reacción en ti.
Por eso, cuando dejas de perseguir, explicar, justificarte y buscar respuestas, algo cambia.
Ya no estás jugando bajo sus reglas.
Y puede que entonces aparezca nuevamente.
Un mensaje inesperado.
Un “¿cómo estás?”
Un recuerdo del pasado.
Una disculpa.
O incluso algo aparentemente insignificante para comprobar si todavía estás disponible.
Pero aquí viene la parte más importante:
Que alguien vuelva no significa que haya cambiado.
El verdadero cambio no se demuestra con un mensaje después del silencio. Se demuestra con comportamientos consistentes, responsabilidad y respeto por tus límites.
Así que si alguien decidió guardar silencio, no corras inmediatamente a llenar ese vacío.
Déjalo ahí.
Porque a veces el silencio que más duele al principio termina siendo el espacio donde vuelves a escucharte a ti misma.

Y quizá la pregunta ya no debería ser:
“¿Por qué no me busca?”
Sino:
“¿Por qué sigo esperando que alguien que me hizo daño vuelva a elegirme?”
¿Alguna vez alguien volvió a buscarte justo cuando dejaste de perseguirlo?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Hay una frase que, con el tiempo, entendí que era completamente cierta: el narcisista casi nunca está solo. Y no porque tenga una gran capa...